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El precio fiscal del rearme global

Hay un déficit que rara vez aparece en las pantallas de los analistas de renta fija, pero que está reescribiendo silenciosamente las ecuaciones de la deuda soberana global. En 2025, el gasto militar mundial alcanzó los 2.887 billones de dólares, un récord histórico y el undécimo año consecutivo de aumento, según datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Lo relevante para los mercados no es el número en sí. Es quién lo está pagando.


Aproximadamente dos tercios del aumento estructural en gasto militar a escala global se financia con deuda nueva, según el Fondo Monetario Internacional. Esa es la variable que conecta una decisión geopolítica con una presión que se acumula bajo la superficie de los mercados de bonos.


La aritmética del rearme

Lo que distingue este ciclo de gasto militar de episodios anteriores es su escala y su distribución geográfica. El gasto en defensa como porcentaje del PIB global llegó a 2.5% en 2025, el nivel más alto desde 2009. Europa fue el motor principal del aumento: el gasto militar de los miembros europeos de la OTAN creció al ritmo más rápido desde 1953. Alemania cruzó por primera vez desde 1990 el umbral del 2% del PIB en defensa, con un incremento de 24% en un solo año. España aumentó su gasto militar 50%. Polonia destinó 4.5% de su PIB al rubro, la cifra más alta entre todos los miembros de la alianza.


En junio de 2025, los miembros de la OTAN, con la única excepción de España, acordaron una nueva meta: alcanzar 5% del PIB en gasto en defensa para 2035. La cifra previa, vigente desde 2014, era 2%. Estados Unidos, aunque redujo su gasto militar en 2025 por la ausencia de nuevas asignaciones de ayuda a Ucrania, tiene aprobado un presupuesto superior a un billón de dólares para 2026, y la Casa Blanca propone 1.5 billones de dólares para 2027. Asia y Oceanía aumentaron su gasto en 8.1%, su mayor incremento desde 2009.

Esto no es un repunte cíclico. Es un cambio estructural en la composición del gasto público a escala global, y se está financiando, en su mayor parte, con bonos.


El mecanismo fiscal

El Fondo Monetario Internacional dedicó un capítulo completo de su World Economic Outlook de abril de 2026 a las consecuencias macroeconómicas del rearme. Sus hallazgos, basados en datos de 164 países desde 1946, son específicos en un punto que importa para los mercados de renta fija: en un auge típico de gasto militar, las erogaciones aumentan 2.7 puntos porcentuales del PIB durante aproximadamente dos años y medio.


La consecuencia directa es una expansión del déficit fiscal de 2.6 puntos porcentuales del PIB y un aumento de la deuda pública de 7 puntos porcentuales en tres años. En episodios asociados a guerras activas, el aumento de la deuda llega a 14 puntos porcentuales. El multiplicador del gasto en defensa, según el FMI, se ubica cerca de 1, lo cual significa que el efecto sobre el PIB es similar al monto gastado. Pero ese impulso de corto plazo viene acompañado de presiones inflacionarias, deterioro de balanzas externas y, lo más relevante para esta discusión, mayor presión sobre la sostenibilidad fiscal de los emisores soberanos.


Cómo llega esto a los mercados de bonos

El canal de transmisión opera por capas. La primera es mecánica: más gasto financiado con bonos significa más oferta de bonos. Cuando esa oferta adicional se concentra en un grupo limitado de emisores soberanos europeos y norteamericanos, los precios se ajustan. Alemania modificó sus reglas fiscales en 2025 precisamente para emitir más deuda y financiar su expansión militar. Francia ha explorado mecanismos para canalizar ahorro privado hacia su industria de defensa. La Unión Europea propuso flexibilizar las reglas de déficit y movilizar hasta 800.000 millones de euros para 2030.


La segunda capa es la prima de plazo, el componente del rendimiento de un bono que compensa al inversionista por mantener exposición de larga duración en un entorno de incertidumbre fiscal. Cuando los mercados perciben que la trayectoria de la deuda pública se eleva de manera estructural, esa prima tiende a ampliarse. No es una reacción a un dato puntual; es un reajuste lento del precio del riesgo soberano que se distribuye a lo largo de muchos trimestres.


La tercera capa es la coordinación con la política monetaria. El propio FMI advirtió que un ciclo de rearme financiado mayoritariamente con déficit y orientado al consumo, en lugar de a inversión productiva, maximiza los efectos de demanda en el corto plazo, pero también recalienta la economía y exige una respuesta restrictiva por parte de los bancos centrales. Esto presiona los rendimientos de corto plazo y, por extensión, las curvas soberanas completas.


La pregunta de fondo

El cambio que los mercados de renta fija están comenzando a procesar no es coyuntural. Es la coexistencia de tres fuerzas simultáneas que históricamente no han operado juntas con esta intensidad: gasto militar estructuralmente más alto, deuda pública ya elevada (la deuda soberana de Estados Unidos supera el 120% del PIB; varios países europeos están cerca o por encima del 100%), y un entorno de tasas de interés que, aunque podría descender, ya no volverá a los niveles ultra bajos de la década pasada.


El FMI lo planteó con claridad poco usual: el rearme arriesga desplazar gasto social, lo cual puede generar tensiones políticas internas, y debilita los amortiguadores fiscales que los gobiernos necesitarían en caso de futuras crisis. Para los mercados de bonos, esto se traduce en una pregunta que ya no es teórica. Cuánto puede absorber un sistema de deuda soberana cuya capacidad de emisión se está expandiendo justo cuando su credibilidad fiscal está bajo escrutinio.


Lo distintivo de este momento no es que los gobiernos estén gastando más en defensa. Eso ha ocurrido muchas veces en la historia, y los mercados de bonos han absorbido el ajuste. Lo distintivo es que están haciéndolo desde una posición fiscal de partida más débil que en cualquier ciclo militar comparable de la posguerra, y dentro de una arquitectura financiera global en la que el papel del bono soberano de larga duración como ancla de portafolios ya estaba siendo cuestionado por otras razones. La presión que esto introduce sobre los mercados de renta fija no se resuelve en un trimestre ni en un año. Es la clase de cambio estructural que se procesa lentamente en las primas de riesgo, en las curvas de rendimiento y en la asignación global de capital.



 

Referencias

[1] International Monetary Fund. (2026, abril). World Economic Outlook, April 2026: Global Economy in the Shadow of War. https://www.imf.org/en/publications/weo/issues/2026/04/14/world-economic-outlook-april-2026

[2] International Monetary Fund. (2026, abril). Chapter 2: Defense Spending: Macroeconomic Consequences and Trade-Offs. https://www.imf.org/-/media/files/publications/weo/2026/april/english/ch2.pdf

[3] International Monetary Fund. (2026, abril 8). Wars Impose Lasting Economic Costs, While More Defense Spending Means Hard Choices. https://www.imf.org/en/blogs/articles/2026/04/08/wars-impose-lasting-economic-costs-while-more-defense-spending-means-hard-choices

[4] Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). (2026, abril 27). Global Military Spending Rise Continues as European and Asian Expenditures Surge. https://www.sipri.org/media/press-release/2026/global-military-spending-rise-continues-european-and-asian-expenditures-surge

[5] SIPRI. (2026, abril). SIPRI Fact Sheet: Trends in World Military Expenditure 2025. https://www.sipri.org/sites/default/files/2026-04/2604_milex_2025.pdf

[6] CNBC. (2026, abril 28). Europe's Rearmament Push Drives Global Military Spending to Record $2.9 Trillion. https://www.cnbc.com/2026/04/27/global-military-spending-record-2025-europe-asia-ukraine-sipri.html

[7] Defense News. (2026, abril 27). Global Military Spending Surges and Reaches Record High. https://www.defensenews.com/global/europe/2026/04/27/global-military-spending-surges-and-reaches-record-high/

 
 
 

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